
La zona del
Algarve, al
sur de Portugal, es gracias a sus 3000 horas anuales de sol, uno de los lugares a los que más turismo europeo acude cada año. A pesar de que poco queda ya de aquellos pueblecitos de pescadores de antaño y de que algunas zonas hayan hipotecado su encanto a cambio de un lucrativo pero destructivo perfil turístico, lo cierto es que aún quedan lugares inmaculados y casi salvajes en esta zona de la costa portuguesa, por ejemplo, entre Faro, Lagos y Olhão, donde podemos deleitarnos con impresionantes acantilados y playas salvajes.
Lagos, capital del Algarve durante casi 200 años, fue también el puerto desde donde partían la mayoría de carabelas que tanta fortuna y poder trajeron a Portugal durante los siglos XV y XVI, y puerta de entrada de los conocimientos que llegaban desde el otro lado del océano. No hace falta alejarse mucho de esta ciudad para disfrutar de
playas increíbles y solitarias calas o de
pueblecitos, menos conocidos pero con mucho encanto, como son Luz, Burgau o Salema. Fuera de temporada no solo es posible disfrutar de un Algarve más
tranquilo, sino también de la llegada de los flamencos. Aproximadamente
un tercio de los flamencos existentes en toda Europa acude en invierno
a los humedales que rodean la zona de Olhão.
Faro es la capital actual del Algarve y su ciudad más grande. Alberga un moderno distrito comercial, un puerto deportivo y un tranquilo casco antiguo muy bien preservado que curiosamente recibe pocos visitantes a pesar de los numerosos lugares de interés que esconde, por ejemplo la Capela dos Ossos, dentro de la Igreja de Nossa Senhora do Carmo, el Museu da Marinha o la catedral.
A 8 km de Faro encontramos
Olhão, que sigue siendo el puerto pesquero más grande del Algarve y cuya tradición sigue presente hoy en día. Para avistar las aves migratorias lo mejor es acercarse al
Parque Natural da Ria Formosa.En el camino siempre podremos degustar la
excelente gastronomía de la zona basada, como no, en pescados y mariscos.