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En el Valle de Tobalina, a escasos kilómetros del Río Ebro, se halla la ciudad más pequeña del país, Ciudad de Frías. Además de ser la más pequeña, también es un ducado, una ciudad con mucha historia y con atracciones que harán de nuestro fin de semana en Burgos una experiencia irrepetible.
Ciudad de Frías se halla en un punto histórico muy estratégico, en la principal encrucijada de las calzadas romanas que atraviesan la Península Ibérica de norte a sur. En un entorno natural envidiable, Ciudad de Frías, Ducado de Frías, nos ofrece la posibilidad de pasar uno días de ensueño junto a nuestros seres más queridos disfrutando de monumentos, vinos, platos deliciosos, tradiciones y paisajes incomparables. Uno de los monumentos más significativos de la ciudad y símbolo indiscutible de la misma es el Puente de Frías. Este puente, llamado romano pero de estilo gótico, mide más de cien metros y cruza el Río Ebro. Mandado a construir por Alfonso VIII, el puente de nueve arcos es de gran valor arquitectónico y uno de los rincones más románticos de Ciudad de Frías, rodeado de un magnífico bosque de ribera.

La ciudad conserva su antigua muralla y su castillo, siendo un escenario perfecto para la filmación de cualquier película que se base en la Edad Media. El casco viejo no tiene desperdicio, con estrechas calles empedradas y majestuosas casas nobiliarias construidas en su mayoría durante el siglo XVI. En el casco antiguo se encuentra la Torre del Homenaje, totalmente restaurada y a la que se puede subir para contemplar las mejores vistas del pueblo y del valle. Otro de los símbolos de Ciudad de Frías es la Iglesia de san Vicente, de estilo románico. Y después de tantos paseos y visitas nada mejor que disfrutar de los productos y platos más suculentos del maravilloso lugar. La ciudad es conocida por sus morcillas de arroz y sus dulces elaborados con ciruelas, y también son conocidos sus ricos caldos, siendo el vino txakoli del Valle de Tobalina el más destacado.
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